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La cirugía robótica comienza a abrirse paso en los procedimientos de implantología más complejos. Un estudio ha evaluado su precisión en rehabilitaciones de arcada completa y también ha analizado la experiencia de los pacientes después de someterse al procedimiento.

El trabajo ha sido desarrollado por investigadores de la Universidad Alfonso X el Sabio y de la Cuarta Universidad Médica Militar de Xi’an, en China.

El punto de partida es el edentulismo, que continúa representando un problema relevante de salud bucodental. La rehabilitación completa soportada por implantes ofrece una alternativa predecible, pero sus resultados dependen, entre otros factores, de que los implantes se coloquen de acuerdo con la planificación protésica.

La cirugía robótica aparece en este escenario como una evolución de la implantología digital. Sin embargo, buena parte de las investigaciones anteriores se han centrado en implantes individuales o pacientes parcialmente edéntulos. También han prestado más atención a la precisión radiográfica que a la experiencia del paciente.

Seis pacientes y un procedimiento totalmente digital

El estudio incluyó a seis pacientes completamente edéntulos que necesitaban una rehabilitación implantológica de arcada completa. En total se colocaron 36 implantes Straumann Bone Level Tapered.

Los procedimientos se realizaron con el sistema robótico autónomo Yakebot. Los investigadores utilizaron un flujo de trabajo completamente digital y un abordaje sin colgajo.

El sistema integra planificación digital, seguimiento óptico, cámaras estereoscópicas y un brazo robótico. Durante la intervención, controla aspectos como la posición de la fresa, la angulación, el punto de entrada y la profundidad según la planificación previa.

Para medir la precisión se compararon las imágenes CBCT planificadas con las obtenidas después de la cirugía. El análisis contempló las desviaciones coronales, apicales, de profundidad y angulares.

Desviaciones inferiores a medio milímetro

Los 36 implantes se colocaron siguiendo el procedimiento robótico previsto. No se registraron complicaciones intraoperatorias ni fue necesario cambiar a una técnica convencional durante las intervenciones.

Los resultados mostraron una desviación coronal media de 0,45 milímetros, con un margen de ± 0,18 milímetros. La desviación apical tridimensional alcanzó los 0,47 ± 0,19 milímetros.

La diferencia angular total fue de 1,30 ± 0,63 grados. Los datos reflejan así desviaciones coronales y apicales submilimétricas y discrepancias angulares reducidas.

La similitud entre las desviaciones registradas en la zona coronal y apical también indica que la trayectoria prevista se mantuvo durante la preparación de la osteotomía.

Los pacientes puntúan la experiencia con un 9,7

El trabajo no se limitó a analizar el rendimiento técnico. Los investigadores recogieron además resultados comunicados por los propios pacientes mediante un cuestionario estructurado.

La ansiedad antes de la intervención fue de 0,5 ± 0,8 puntos sobre 10. La confianza previa en la cirugía robótica alcanzó 9,3 ± 1,2 puntos.

Siete días después de la intervención, el dolor se situó en 2,2 ± 3,5 puntos. La hinchazón alcanzó 1,3 ± 2,2 y la interferencia con las actividades cotidianas obtuvo una puntuación similar.

La experiencia quirúrgica general recibió una valoración de 9,7 sobre 10. Entre uno y dos meses después, todos los participantes afirmaron que volverían a elegir una intervención asistida por robot. También indicaron que recomendarían este tratamiento a otras personas.

Resultados prometedores, pero todavía preliminares

Los investigadores consideran que la rehabilitación completa asistida por robot mostró una elevada precisión clínica y una buena aceptación entre los participantes.

El estudio apunta al potencial de la cirugía robótica autónoma para ejecutar la planificación protésica con un elevado control de la posición de los implantes. A ello se suman los bajos niveles de molestias postoperatorias observados y las elevadas puntuaciones de satisfacción.

Sin embargo, los resultados deben interpretarse teniendo en cuenta las limitaciones del trabajo. La muestra estuvo formada únicamente por seis pacientes y 36 implantes. Tampoco se incorporó un grupo de control con el que comparar directamente el procedimiento.

El seguimiento se limitó además a las primeras etapas posteriores a la intervención. Por este motivo, el estudio no permite valorar resultados a largo plazo como la supervivencia de los implantes, las posibles complicaciones protésicas o la estabilidad ósea marginal.

Los investigadores señalan que serán necesarios estudios controlados con muestras más amplias y periodos de seguimiento prolongados para confirmar los resultados y determinar su impacto clínico.