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España afrontará en 2026 un nuevo incremento en el número de diagnósticos oncológicos. Según las estimaciones recogidas en el informe Cifras del Cáncer en España 2026, el total de nuevos casos alcanzará los 301.884 diagnósticos, lo que supone un ligero aumento respecto a ejercicios anteriores y confirma la tendencia creciente de la incidencia oncológica en el país.

Dentro de este escenario, el cáncer de la cavidad oral y la faringe presenta una evolución especialmente relevante. Para 2026 se prevén 8.203 nuevos casos, frente a los 7.603 registrados en 2024. El incremento estimado es de aproximadamente 600 diagnósticos adicionales en dos años, lo que evidencia la progresión de este tipo de tumores.

El Consejo General de Dentistas ha puesto el foco en la evolución de estas cifras y en el impacto sanitario que implica el cáncer oral en términos de mortalidad, calidad de vida y carga asistencial.

Mortalidad y evolución reciente

Los datos disponibles reflejan un aumento en la mortalidad asociada a estos tumores. En 2024 se registraron 2.544 fallecimientos por tumores malignos de labio, cavidad bucal y faringe, frente a los 2.469 del año anterior. Esta evolución confirma la necesidad de reforzar las estrategias de detección precoz y prevención.

El crecimiento de la mortalidad pone de relieve el impacto del cáncer oral dentro del sistema sanitario. Se trata de una patología que continúa generando una elevada carga clínica y social.

La tendencia al alza en diagnósticos y fallecimientos obliga a fortalecer la coordinación entre los distintos niveles asistenciales y a integrar la salud bucodental en las políticas globales de prevención del cáncer.

Factores de riesgo predominantes

El consumo de tabaco, alcohol y la infección por virus del papiloma humano se mantienen como los principales factores de riesgo asociados al desarrollo de cáncer oral. Según los datos aportados por el Consejo General de Dentistas, alrededor del 75% de los pacientes diagnosticados a partir de los 50 años han sido fumadores.

El efecto combinado del tabaco y el alcohol multiplica el riesgo. Las personas que consumen ambos presentan una probabilidad hasta 15 veces mayor de desarrollar tumores en la cavidad oral. Esta interacción sinérgica entre hábitos nocivos refuerza la necesidad de campañas de prevención específicas.

El papel del VPH también ha ganado relevancia en los últimos años. Su asociación con determinados cánceres orofaríngeos obliga a incluirlo dentro de las estrategias de prevención sanitaria y educación en salud.

Nuevos hábitos y otros riesgos asociados

El uso de cigarrillos electrónicos y vapeadores ha emergido como un factor de preocupación adicional. Diversos estudios han identificado sustancias potencialmente cancerígenas en los líquidos y vapores de estos dispositivos.

La exposición a estos aerosoles no solo afecta a los usuarios, sino también a las personas del entorno. Este fenómeno amplía el debate sobre la regulación del consumo y su impacto en la salud pública.

Otros factores de riesgo incluyen una alimentación inadecuada, prótesis dentales mal ajustadas que generen lesiones persistentes y la exposición excesiva a radiación ultravioleta sin protección. Estos elementos pueden actuar como cofactores en el desarrollo de lesiones malignas.

La combinación de hábitos de riesgo y factores ambientales configura un escenario complejo que exige un enfoque preventivo integral.

El dentista como primer filtro asistencial

El papel del dentista resulta esencial en la detección temprana del cáncer oral. Los profesionales de la odontología constituyen el primer nivel de alerta ante lesiones sospechosas en la cavidad bucal.

La revisión anual permite identificar alteraciones que no cicatrizan en un plazo de 15 días. La detección precoz tiene un impacto directo en el pronóstico. En fases iniciales, la tasa de supervivencia puede superar el 90%, lo que subraya la importancia del diagnóstico temprano.

El dentista no solo interviene en la detección. También desempeña un papel clave durante todo el proceso oncológico, desde la evaluación inicial hasta el seguimiento posterior al tratamiento.

La integración de la odontología en los circuitos asistenciales oncológicos contribuye a mejorar los resultados clínicos y la experiencia del paciente.

Impacto del tratamiento oncológico en la salud bucal

El tratamiento contra el cáncer puede generar efectos secundarios en la cavidad oral. Entre los más frecuentes se encuentran la mucositis, la xerostomía, infecciones orales y alteraciones en el esmalte o en las encías.

Por este motivo, se recomienda realizar una evaluación odontológica previa al inicio de la terapia oncológica. Este paso permite identificar posibles focos infecciosos y establecer medidas preventivas.

El seguimiento odontológico durante el tratamiento ayuda a reducir complicaciones y mejora la calidad de vida del paciente. Mantener una adecuada salud oral facilita la tolerancia a los tratamientos y reduce el riesgo de interrupciones terapéuticas.

La coordinación entre equipos oncológicos y odontológicos se consolida como un elemento estratégico dentro del abordaje integral del cáncer.

Implicaciones para el sistema sanitario y la prevención

El aumento previsto de casos de cáncer oral supone un reto para el sistema sanitario. La planificación de recursos, la formación de profesionales y el refuerzo de programas de prevención se convierten en prioridades.

La integración de la odontología en los circuitos asistenciales oncológicos puede mejorar la eficiencia del sistema y optimizar la atención al paciente. Además, el crecimiento de diagnósticos refuerza la importancia de políticas públicas orientadas a la reducción del consumo de tabaco y alcohol.

La tendencia al alza exige un enfoque coordinado entre atención primaria, especialidades médicas y servicios odontológicos. Solo mediante una estrategia conjunta será posible mejorar la detección temprana y reducir la mortalidad asociada al cáncer oral.